Los ojos de los mayas

Camino al aeropuerto de La Aurora, donde tomaríamos el vuelo de regreso a Costa Rica, Norman nos dijo “Yo a Guatemala lo llevo en los ojos. Amo a mi país, todo lo que tiene, y estoy orgulloso de haberles podido mostrar una parte de él”. No habría pasado de ser un lugar común de no ser porque realmente los ojos de los guatemaltecos son un pozo profundo donde se mezclan el amor, la cordialidad, el orgullo, el dolor, la furia y el perdón. 

Nacer y vivir en Costa Rica no lo prepara a uno para entender ciertas realidades crudas que nuestros paisanos de la región ven y sienten todos los días, a veces como una memoria genética que marca sus vidas desde antes de que nazcan. La guerra civil, la violencia urbana, la desigualdad que descompone y corrompe,todas se ciñen como un demonio sobre este pueblo y sin embargo pocas veces he conocido personas tan amables y cariñosas como los guatemaltecos. “Es que hemos aprendido a perdonar y a amar” agrega Norman. 

Yo le doy la razón, porque dicen que los ojos no mienten, y los ojos de los mayas que conocí en esa tierra de volcanes me arrojan una verdad en la cara: que ni el dolor, la miseria, la pobreza y la violencia pueden contra ese fuego rojo y ardiente que es el amor.

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