Matrimonio sin hijos

Aunque cada vez son menos, todavía tengo amigos y conocidos que se arriesgan a formular esa pregunta incómoda por excelencia: "Y ustedes ¿no piensan tener hijos?"

Confieso que la pregunta me molestaba mucho, sobre todo cuando Pedro y yo estábamos aún en la veintena. La sentía como una intrusión. Sigo pensando que es una pregunta intrusiva, pero creo que mi actitud hacia ella ha cambiado y por eso no me siento más ofendida o vulnerada. También puede ser que ya me la preguntan mucho menos que antes, quizá porque ya todos vieron que no nos interesa y que no lo deseamos.

Creo que nunca hubo un momento en que dijéramos, con todas sus letras, que no íbamos a tener hijos. Cuando nos dimos cuenta, simplemente sabíamos que no estaba en nuestros planes, que vivíamos muy tranquilos sin tener descendencia, y que sí, a ambos nos aterra la idea de traer niños a un mundo como el que nos toca padecer.

Yo en lo personal, no creo haber tenido nunca esa chispa maternal. Cuando estaba más jovencita, incluso me disgustaban un tanto los niños. Las cosas cambiaron un poco cuando nació mi sobrino, con quien descubrí que tengo un poquito de sentimiento materno. Sin embargo ese poquito no me basta para querer mis propios retoños. Por ahora me basta y me sobra con tenerlo a él, y a mis mascotas que aunque son diferentes, también requieren atención y chineos pero sin tanta responsabilidad de por medio.

Hasta ahora no he encontrado a alguien que me diga que me voy a "arrepentir" por haberme reproducido. Pienso que tiene que ver con el círculo de gente que me rodea. Tengo muchas amistades que con o sin pareja, tampoco tienen intenciones de traer criaturas al mundo y hay entendimiento mutuo. Tengo otras tantas que son padres/madres y aman a sus hijos con toda el alma, pero no buscan proyectarse ni imponer creencias sobre los demás. El día que alguien me salga con la cantaleta de que no voy a experimentar el amor verdadero hasta que tenga un hijo, es probable que lo mande muy diplomáticamente a la porra.

Hay veces que me da un pequeña curiosidad de saber como serían mis hipotéticos hijos, que cosas sacarían de mí, que cosas de su papá...Me imagino contándoles historias, enseñándoles a leer, dándoles besos y abrazos,  llevándolos a pasear a la naturaleza y siento que son vivencias hermosas. No vivir esas cosas es el precio que pago por no tenerlos y hay una partecita de mí que siempre se pregunta como sería yo de mamá.

Por fortuna, no me suele durar mucho esa nostalgia por lo que no tengo.

Por fortuna las cosas van cambiando y uno puede elegir.

Somos un matrimonio sin hijos, y se puede ser feliz así también.

 

Dejar un comentario