De vocaciones y propósitos

Entre más leo y más me conozco a mí misma, voy llegando a una conclusión que de repente va a ser medio polémica para algunos: la idea de tener un propósito en la vida está sobre valorada.

Me explico: no veo nada malo en tener un propósito ni en las personas que rigen su vida a partir de esta idea de una vocación única o de una razón de ser primordial que les hace levantarse en las mañanas dispuestos a enfrentar lo que venga a cambio de cumplir ese designio. Para nada. Más bien, hasta cierto punto admiro a esas personas y hasta hace poco les tuve tremenda envidia, porque mientras ellos sabían perfectamente para que habían nacido y sentían esa pasión intensa a través del tiempo por algo específico, yo navegaba siempre en un mar de dudas y de intereses transitorios. Esa constante sensación de que yo no tenía una pasión o un propósito de vida me hicieron sentir durante mucho tiempo que algo andaba mal conmigo.

Hace un par de años aprendí sobre un concepto que me cambió la vida por completo: la multipotencialidad. Emily Wapnick, no su inventora pero sí una de sus principales exponentes, explicaba en su TEDTalk que habemos individuos que simple y sencillamente no tenemos un llamado  o vocación única, y que eso nos hace diferentes, pero no significa que sea algo malo. Más bien, tener esa multiplicidad de intereses y la capacidad enorme de aprender muchas cosas distintas a la vez puede ser una ventaja extraordinaria en un mundo que se enfoca en la especialización.  

En un mundo donde se llama a la gente a hacer una única cosa, pero extraordinariamente bien, los multipotenciales podemos sentir que no encajamos porque sabemos sobre miles de temas, pero la profundidad de ese conocimiento suele ser superficial. Aprender sobre este concepto me hizo amarrar muchas cosas que venía viendo sobre mí desde chiquita y que no había podido explicar, o que me daba verguenza reconocer porque implicaba aceptar varias cosas que ante la sociedad son mal vistas. Por ejemplo, mi tendencia a iniciar muchas cosas pero dejarlas a la mitad; o sentir que habia encontrado mi gran pasión y anunciarla al mundo, para poco después aburrirme y saltar a otro interés.

El TED de Emily, así como encontrar en redes sociales a otras personas que sentían lo mismo, constituyó un alivio porque supe que no era que yo anduviera mal, sino que mi cerebro está cableado distinto. Cuando empecé a hablar del tema en otros espacios, me sorprendió la cantidad de gente que me dijo que se sentía parecido y que le alegraba saber que no estaba sola. Al parecer, no todos sentimos lo que llaman vocación y a pesar de ello, somos personas funcionales y que igual aportamos a los diferentes espacios donde nos integramos.

Yo recuerdo que de niña y adolescente leía de todo, pero absolutamente de todo porque todo me interesaba literalmente. Obvio que habían temas que llamaban mi atención de manera más poderosa que otros, pero igual podía estar leyendo sobre ciencias naturales, luego saltar a geografia, y despues estar leyendo sobre química o espantos costarricenses con el mismo interés.

Después llegué a los 17 años y como a todos, me forzaron a decidir un único camino profesional. Aunque en su momento a mis papás y profesores les pareció lógica la elección, lo cierto es que yo elegí el periodismo porque sabía que me gustaba escribir y que me gustaba aprender de todo, así que la vi como la escogencia que más sentido hacía para lo poco que me conocía a mí misma en ese entonces. Y es que seamos honestos, la mayoría de nosotros a esa edad no tiene idea de que es lo que quiere hacer. Yo tenía compañeras en el colegio que lo tenían clarísimo, y si alguna está leyendo esto, sepan que yo las envidiaba increíblemente porque al contrario de ellas, yo no lo sabía...y aún no lo sé, sólo que ya hice las paces.

Obviamente, el periodismo no era mi vocación y por algo lo ejercí poquísimo. Pero que problemón, porque en esta sociedad nos definen con base a lo que estudiamos o al trabajo que hacemos, y yo siempre me sentí super ajena a eso. Veía como mis amigas me enviaban a veces vacantes de periodismo o comunicación y yo me sentía desgarrada entre el deseo de ejercer porque se suponía que esa era mi vocación (era más yo en modo autoengaño) o dejarlas ir, pero sentir que mi identidad creada se iba diluyendo poco a poco. Al final, la misma vida me llevó por un montón de caminos profesionales distintos que ahora en retrospectiva agradezco, porque tengo muchas habilidades que de repente no tendría de haberme quedado ejerciendo una vocación que no era la mía. De igual forma, uno siempre pierde y gana algo cuando escoje.

Luego llegó la adultez, la insatisfacción profesional y el deseo de encontrar ese fueguito interno que muchos sienten en el pecho y que les dice "Ahí es!". Se agregó otra frustración, porque yo no encontraba ese propósito. Disfrutaba muchísimo de experimentar, de meterme en cursos, talleres, de leer sobre temas nuevos, pero siempre llegaba ese umbral donde me terminaba aburriendo o donde ya había aprendido lo suficiente y sentía que era momento de otra cosa. Mis últimos grandes intentos (y fracasos) fueron ser ilustradora/tatuadora y blogger de viajes.

Yo me preguntaba que que putas me pasaba, porqué no lograba cuajar nada en el mundo real más allá de los intentos. Fue ahí cuando descubrí la multipotencialidad y entendí todo. No la uso como excusa para dejar las cosas abandonadas, sino como un marco en el cual entenderme y reconocer patrones. Porque no todo lo abandono. A una pequeña escala soy inconstante, pero cuando miro el "big picture" me doy cuenta que no lo soy tanto y que he conseguido muchas cosas a punta de disciplina y de enfoque.

Por ejemplo, no he escrito ese libro de cuentos o esa novela que hace tiempos quiero escribir. Siempre que empiezo con una idea la dejo tirada porque se me ocurre alguna mejor, o porque pierdo el interés en la que tenía. Pero eso no quiere decir que a gran escala no haya logrado ser escritora. Lo soy (aunque nombrarme como tal todavía me cuesta, pero ese es tema para otro post aparte) y curiosamente, vivo de esas habilidades de comunicación escrita. No desde la idealización del periodismo o de la escritura de ficción, pero lo hago y ha sido curioso conectar los puntos que me han llevado hasta acá.

Otro ejemplo. Cuando decidí que mi próximo trabajo sería remoto o no sería, me enfoque precisamente en aprender todo lo necesario para hacer que eso sucediera y así fue. No soy experta en desarrollo web, ni en diseño ni en marketing digital, pero se lo necesario y eso me ayudó a conseguir ese objetivo.

Viendo como esos puntos de han unido, me doy cuenta que realidad sí tengo dos vocaciones: escribir y aprender. Entre ambas, esta última es la que ha hecho la mayor diferencia en mi vida, porque estar constantemente aprendiendo me ha abierto puertas, me ha mantenido sana y es quizá la actividad que más disfruto. Por eso me gusta viajar, por eso me gusta leer, por eso no tengo miedo de empezar de cero porque se que aprendiendo la mayoría de cosas son posibles.

En fin, que este artículo ha sido un largo verborreo sobre el tema de la vocación y el propósito. De repente no tiene sentido para todos, pero sí a usted que lo está leyendo le toca una campanita adentro, sepa que no hay nada malo en vivir sin un propósito "convencional". Muchas veces el propósito está meramente en vivir,conocerse, ser y estar en paz con uno mismo. Asimismo, no hay nada de malo en tener miles de intereses y no seguirlos todos hasta el final. La curiosidad suele ser el activo más subestimado, pero el más poderoso de todos, así que abrace todas sus pasiones. Nunca se sabe a donde nos van a llevar.

1 comentario