Cosas que extrano de los 90s

Leer artículos random es de mis cosas predilectas en la vida y hace poco me encontré uno donde una gringa comenta cuales experiencias/cosas extrañas de la gloriosa decada de los 90.

Hay un punto en su argumentación que me llama la atencion poderosamente: uno siempre siente más nostalgia o cariño por la decada en la que le tocó crecer. No necesariamente es la mejor década de la vida, ni es necesariamente mejor que otras décadas, pero es que la que uno atesora porque mucho de su identidad y experiencias formativas de vida las tuvo durante esos años mozos.

Al igual que la autora, tambien crecí en los 90 y hay cosas de ese tiempo que me dan nostalgia. Por ejemplo:

Rentar peliculas en el videoclub:

Tener un VHS en los 90s no era un lujo que todo el mundo pudiera darse, pero en mi casa al menos mi tata era bien teleadicto e hizo su esfuercito para comprarse uno y entretenerse él, y de paso a la familia. Cuando el aparato llegó a la casa fue como su hubieramos descubierto el fuego o como si estuviéramos viviendo en el ano 3000.

La primera película que alquilamos se llamaba "Bingo" y era la típica película del perro travieso pero con suerte, que se jala tortas a cada rato, que le saca las canas al papá y a la mamá mientras los carajillos lo alcahuetean,  y que al final salva al mocoso que por algún motivo raro está en manos de maleantes, secuestradores, etc.  Desfilaron clásicos y otras "joyas" del cine que en épocas modernas posiblemente no hubiera descubierto nunca.

Tan sólo ir al videoclub era emocionante. Al menos yo podía deambular por horas en los pasillos viendo las portadas de las películas, leyendo las sinopsis mientras mi papá conversaba con el dependientes. Las películas de terror estaban ahí no más al alcance de la mano y yo, entre morbosa y aterrada, veía las imágenes de sangre falsa o gente descabezada. Sin embargo, siempre las que me dieron mas miedo eran aquellas de exorcismos o profecías. Las películas para adultos si estaban colocadas más arriba en los estantes, así que no las podía examinar de igual forma.  En fin, que era una experiencia de descubrimiento constante y aunque ahora se puede hacer algo similar haciendo scrolling interminable en Netflix o cualquier otro servicio de streaming, la sensación física de las películas es algo que no volverá.

Los amigos por correspondencia

Los mocosos de ahora posiblemente nunca han escrito una carta de su puño y letra. Imagino que siempre se envían papelitos ocasionalmente, pero ahora con los celulares se tienen a la vuelta de un Whatsapp y entonces para que van a joderse escribiendo cartas a extraños en otras provincias o incluso países para hacer amistad.

En los 90 tener un celular era un lujazo que ni siquiera los adultos podían permitirse, era algo bastante exclusivo. De la Internet ni hablar, al menos hasta finales de la décadas. Así que los mortales que éramos poco hábiles socialmente hacíamos nuevas amistades a punta de cartas. Mi primera amiga fue una niña llamada Wendy. Era de Barva de Heredia y nos habíamos encontrado gracias a la sección "Cartas" de la finada revista Tambor, donde uno podía mandar su solicitud y decir "soy x, tengo tantos años, me gustan X cosas y quisiera hacer amigos". Después vino otra niña llamada Hellen, también de Heredia; y luego otra Wendy, pero de Ciudad Colón.

Ninguna de esas amistades duró mucho, pero era muy mágica la sensación de enviar y recibir cartas.Don Eduardo, el viejo cartero de Naranjo, ya hasta me conocía y siempre me saludaba con un "Hola nena, como está".  Ya en el cole, en vez de revisar la Tambor revisaba la famosa revista Tú, y ahí se internacionalizó todo. Luego de que salió mi anunció me empezaron a llegar cartas en masa desde México, Honduras, Puerto Rico, Venezuela y República Dominicana, entre otros países. También me llegaron algunas cuantas de Costa Rica, entre ellas la de mi amiga Nina que más de 20 años despues sigue ahí conmigo;  y una que otra vez llegaron cartas de muchachos, pero todas en plan muy inocente.

El contenido de esas cartas no era muy científico ni filosófico. Eramos adolescentes pasando por la misma época todas juntas, contándonos nuestras penas amorosas, como veíamos el mundo, que pasaba en nuestros países y hasta en nuestras familias. Aparte de las cartas nos enviábamos fotos, souvenirs e incluso hubo una amiga con quien intercambiaba casettes, a lo Felicity.  La gran mayoría de esas amistades fueron bien efímeras, pero unas cuantas perduraron a lo largo de los años; y aunque el contacto se perdió bastante con la edad, la distancia e irónicamente con la llegada masiva del Internet, son relaciones que recuerdo con mucho cariño porque me ayudaron a llevar mejor una época ya de por sí complicada.

Comprar CDs y casettes

Se que los CDs no han desaparecido y que mucha gente al día de hoy los sigue consumiendo, pero se sienten ya como algo bien lejano. Yo al menos compré mi último CD como en el 2005 o por ahí, y el último casette data como de 1997.

A mí me gustaba mucho comprar música, e ir a una tienda de discos a finales de los 90 era lo máximo. Yo podía pasar horas buscando entre los estantes, maravillarme si encontraba algo de un artista que me gustara, y sino igual me gustaba ver las portadas de los discos. Recuerdo esas "cabinitas" con audífonos donde uno podía ponerse a escuchar música a ver si le gustaba, y bueno si había plata, comprarlo. No era un pasatiempo barato comprar música, pero cuando había harina y uno podía comprarse ese disco que tanto había querido era increíble.

Si no se podía comprar el original, siempre estaba la opción de "quemarlo". Yo creo que había toda una industria paralela de quemado de CDs y el que tenía olfato para los buenos "mixes" podía hacer su buena harinita residual, más que muchas veces un CD valía la pena sólo por una canción (el resto eran malísimas)

Ahora tenemos la música muy a la mano, de gratis la mayoría de veces y eso también es genial; pero a veces me da un pelín de nostalgia recordar esos tiempos de vagabundería en la tienda de discos.

No estar siempre localizable

En los 90s a uno sólo podían ubicarlo por teléfono fijo. Los celulares no eran comunes entre la plebe y los beepers eran exclusivos de médicos o profesiones similares. Entonces si uno decidía desaparecerse un ratito, pues era muy fácil porque no existía esa "omnipresencia" que nos brindan ahora las redes sociales y los teléfonos móviles.

Sería muy hipócrita de mi parte decir "los telefonos nos arruinan la vida, las redes son el diablo, bla, bla,, bla" porque yo misma disfruto bastante de estos inventos y les he sacado mucho provecho. Sin embargo, hay momentos en que me abruma la idea de estar siempre a un mensaje o comentario de distancia.Obvio que uno puede desinstalar apps o modificar las notificaciones, pero siempre queda esa sensación de no poder salirse de ese sistema donde uno tiene que estar disponible porque "no hay excusa".

La Moda

Sí, esta es rara porque honestamente la moda en los 90 era nefasta. Soy la primera en aceptarlo.

Pero hay algo muy auténtico en los atuendos que nos poníamos en ese tiempo y que hacen que uno los recuerde con cariño, aunque no piense volver a ponerse esos trapos nunca más en la vida. Yo recuerdo mis pantalones de pata ancha, las tenis de skate, las pulseras, las jackets esas multicolores de tela impermeable, las camisetas que enseñaban el ombligo, los overoles, los brillos de labios con escarcha y todo ese poco de cosas polísimas pero que en esos años se sentían como un grito de modernidad.

Así como fueron los 60s y 70s para mis papás, los 90s fueron para mi esa década que me recuerda tiempos más simples donde las preocupaciones eran básicamente sacar buenas notas, hacer feo con los amigos, ser el más cool y estar lo más a la moda que se pudiera. Puras frivolidades antes de hacerse adulto y darse cuenta que no era la gran ganga.  Me doy cuenta que mas que la moda, extraño la sensación asociada a esa ropa: me lleva a épocas sencillas donde uno se sentía en la cima del mundo, a lo Leo DiCaprio, y como que el mundo estaba a un bocado de distancia.

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¿Agregarían algo a la lista?

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