Elogio a la improductividad

Estoy haciendo las paces con la idea de que hay días en que no quiero hacer absolutamente nada. Es decir, hago cosas, pero no las ando midiendo en función de "que tan productivas" son o que tanto estoy aprovechando mi limitado tiempo de vida. Durante muchos años estuve en un ciclo en que tenía poquísimas horas para dedicarle a mis pasatiempos o intereses particulares. Eso, más estar viendo contenido en redes sociales sin ningún tipo de filtro o sin hacer un examen concienzudo de su validez, me hizo entrar en esta especie de frenesí donde tenía que ocupar mis horitas libres en algo y ese algo tenía que ser "productivo" porque de lo contrario era perder el tiempo y "no vivir al máximo".

Por supuesto que eso me empezó a generar tremenda ansiedad porque si un día me sentía cansada, aburrida o si simplemente no me roncaba el culo hacer algo diferente a ver tele, dormir o hacer scroll en mis feeds de redes, venía la culpa a darme un golpe en seco. El ambiente se llenaba de muchos "yo debería". En ocasiones, me forzaba a mí misma a ser productiva con algún proyecto o interés y obviamente el resultado era de la patada porque no sólo cargaba con la obligación autoimpuesta, sino que en mi caso la creatividad y la inspiración se me iban por un hueco.

Dicen por ahí que la inspiración debe encontrarlo a uno trabajo. Sí y no. Es obvio que uno tiene que hacer su trabajo y tener la disciplina de crear algo nuevo, por más pequeño que sea, todos los días o con la frecuencia que uno determine, porque en cualquier proyecto creativo la práctica es clave. Más que encontrarlo a uno trabajando, la inspiración se nutre de estímulos, por eso no creo que la idea de que el simple hecho de sentarme a escribir me va a inspirar. En el contexto de esta reflexión, cuando quise forzar la productividad eventualmente terminaba drenada y alienada de mi propio trabajo.

En fin, que me estoy desviando. A lo que voy con esto es que la mal llamada "improductividad" es justa y necesaria. En vez de darle esa connotación negativa, deberíamos verla por lo que es: una recarga de batería, un momento para simplemente ser y estar sin presiones de ningún tipo. Muchas veces en esos lapsos encontramos estímulos visuales, sensoriales o auditivos que traen nuevas ideas. Estas se traducen en arte, en emprendimientos, o simple y llanamente en diversión y realización personal.

Es una tarea difícil, considerando que el mismo sistema está obsesionadísimo con crear seres que se expriman a sí mismos al punto del agotamiento. Para el sistema todo radica en "hacer más", en "ser más" , en "querer más". ¿Y si no quiero más? ¿Y si soy enteramente feliz con quien soy y con lo que tengo en este preciso instante?

Aún así, siento que esta cultura esta cambiando y ya menos gente carga el burnout como un trofeo en los hombros, pero siempre nos queda la "obligación" de ser productivos hasta cuando estamos libres para hacer lo que nos de la gana. Descansar no es ser vagabundo, es cuidarse la salud.

Es necesario reposar, hacer pausas, abrir el espacio a lo fresco y deshacernos de esa idea de que si no estoy haciendo algo, llenando mis horas de proyectos, no soy nadie en la vida. Uno ya es alguien , por el simple hecho de existir.

 

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